Categoría: Editoriales
60 programas en precario, con nuestros propios medios, sin apoyo ni financiación de nadie, sin espacio público donde emitir o trabajar... Y sin embargo, día a día, nos sorprendemos con el alcance y la difusión de lo que hacemos. Cada día hay alguien, incluso desde el otro extremo del mundo, que termina de descubrirnos, que nos ve, que nos escucha, que nos apoya y nos insta a continuar porque nos considera "un soplo de aire fresco".
Sólo podemos decir desde aquí, gracias, escuetamente gracias, por hacernos sentir que nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y los innumerables sacrificios que conlleva este humilde espacio de resistencia, es importante para vosotros, para los que nos seguís cada programa en internet, ya sea en audio, en video, o leyendo nuestros escritos. Porque si es importante para vosotros, también lo es para nosotros.
Sin embargo, todo proyecto tiene una vida en el que nace, se desarrolla, quizá se reproduce y, desde luego, termina por morir. La Gran Esperanza avanza inexorable hacia el final de su tercera temporada, habiendo hablado de terrorismo, de Iglesia, de aborto, de Inmigración, de memoria histórica, de transición, de persecución religiosa, de reforma laboral, de empleo y desempleo, de guerras y de piratas, de grandezas y de miserias humanas. De nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro.
Y el número 60 de nuestro programa es un buen momento para la reflexión. Aún nos quedan, sin duda, muchas batallas que dar antes de terminar; aún nos acompañará la madre de Sandra Palo y hablaremos de la ley del menor; y vendrán todavía autores falangistas como José Luis Jerez, con su “Falange del Valor”. Aún hablaremos con prestigiosos profesores, como José Luis Orella, y su trabajo introductorio a la Revista “Jerarquía”, recientemente recopilada.
Hablaremos de acontecimientos que marcaron nuestra historia reciente, como el asesinato de Carrero o el abandono del Sáhara, con militares-historiadores como el Coronel Manrique. Pero es hora de ir pensando en el siguiente proyecto.
Los que hacemos LGE no somos periodistas; no esperamos fichar por una cadena de gran difusión ni ganarnos la vida como comunicadores. Antes, al contrario, casi todos tenemos nuestras vidas bastante lejos de los medios de difusión. Los que hacemos LGE lo hacemos como vehículo de comunicación de una organización política, con un proyecto político para transformar la sociedad.
Lo hacemos como vehículo de relación, abierto a otras organizaciones de carácter similar, que sirva para superar las múltiples fronteras que los denominados patriotas, en general, y los falangistas, en particular, nos hemos empeñado en crear a lo largo del tiempo. Lo hacemos para exponer nuestros puntos de vista sin ser manipulados por terceros; para que otros entiendan cuáles son nuestras posturas ante los asuntos que preocupan a la sociedad española y por tanto a nosotros mismos. Lo hacemos, en definitiva, como parte de nuestra lucha política, voluntariamente elegida.
Y a ese fin debe servir, por tanto. Antes de tropezar en la rutina, La Gran Esperanza necesita mirar hacia atrás, y comprobar si ha servido a los fines para los que fue creada. Necesita mirar hacia delante y comprobar si sirve todavía para el proyecto político que la alberga. Y actuar en consecuencia sin más nostalgia que la satisfacción de haber cumplido con una misión, ni más recompensa que sabernos miembros de un proyecto político en evolución.
Se abre pues un período de reflexión en el que, mientras terminamos lo que empezamos, analizamos cómo seremos mañana. Y toda colaboración y sugerencia será bienvenida. 60 programas ya. Escuetamente gracias.
Pero este alto en el camino no debe torcer nuestra voluntad presente, ni nuestros compromisos tomados. Este editorialista y este programa han comprometido recordar en cada ocasión, la vergonzante, injusta, aberrante situación jurídica de Pedro Varela - en prisión desde diciembre – y la de los denominados genéricamente “libreros” (Juan Antonio, Carlos, Oscar y Ramon), todos ellos perseguidos por publicar, editar, prologar, vender y muy ocasionalmente escribir, libros proscritos, que son quemados en piras públicas, al supuesto amparo de una legislación que se llena, sin embargo, la boca, y las páginas de sus textos legales, con ideas sagradas de Libertad de Expresión, de opinión, de difusión de ideas y pensamientos, de publicación...
Pues mientras persista su situación, seguiremos en lo nuestro: reivindicando su libertad y el archivo de sus causas. LIBERTAD, pues, PARA PEDRO VARELA.
Por lo demás, abril se cierra hoy, y da paso al mes de la hipocresía por excelencia, en lo que queda de año: el mes de las elecciones municipales y autonómicas, en su caso.
Se iniciará, no obstante, con la marcha farisea de los sindicatos putrefactos del sistema, que con la boquita pequeña reivindicarán mañana el cese de los recortes sociales, mientras siguen viviendo de prebendas, subvenciones y erarios públicos; mientras su ministro - el de trabajo, sí, el de sus filas – acaba con lo poco que queda de empleo en España, supera cifras astronómicas que no hubieran tolerado jamás a régimen alguno que no fuera el suyo y nos hunde en la más espantosas de las crisis económicas y de valores que haya vivido España en varios siglos.
Y lo harán con miles de acólitos - muchos de ellos parados; otros, por supuesto, liberados - a los que no se les caerá la cara de vergüenza por participar en el festín, sin arrastrar por las calles a sus líderes a patadas en el culo, para ver si recuperan la dignidad que suponemos debieron tener alguna vez.
Y después vendrá la fiesta de la democracia; esa en la que todos tenemos el derecho a meter un papel en una urna y creer que con ello manejamos nuestros destinos.
Esa en la que la corrupción local, galopante, contagiosa a todos los niveles de los partidos al uso, pasa por encima del ciudadano, del vecino, con una especie de “pelillos a la mar”, porque se nos vende la idea de que con esto hay que quitar al que está, para poner a otro, que, por lo visto, es el fin de las municipales.
Deber ser que como ya lo entrenaron en la proclamación de la Segunda República, deben pensar que los demás somos idiotas y es realmente eso lo que votamos.
Pero la triste realidad es que nada cambiará en estas elecciones, las gane quien las gane; en primer lugar porque solo las pueden ganar dos – ya se ocupa el sistema de ello – y en segundo lugar porque las dificultades de participación y difusión de ideas son tantas, que las oportunidades reales son mínimas para quienes no bebemos en las fuentes del sistema.
Pero la tercera razón es propia: nuestras organizaciones – la mayor parte de ellas – seguimos viviendo en la marginalidad política, en la falta de un proyecto trabajado y convincente durante todos los años que transcurren entre dos elecciones; y seguimos presentando múltiples candidaturas para el mismo espacio político, o candidaturas que no aspiran en absoluto a ganar concejales.
Esta es otra reflexión pendiente de la que no estamos exentos ninguno de nosotros. La Falange tampoco. Ni sus militantes, afiliados, simpatizantes o simples votantes. No hay proyecto político sin base social que lo sustente – con trabajo diario - en cada lugar.
Todo lo demás que hagamos será clamar en el desierto, tratar de aprovechar espacios que en realidad no existen y mostrar nuestra incapacidad. Pero cuidado, nuestra incapacidad como organizaciones es el reflejo de nuestra incapacidad como militantes.
Mientras tanto, este programa, por supuesto, apoyará las candidaturas e intenciones de nuestra organización, pero una vez más lo tendrá que hacer como José Antonio y la historia nos enseñaron. Tristemente.
Quizá podamos encontrar algo de consuelo hoy en la charla con nuestro invitado. Un hombre que nunca pensó en escribir; apasionado por la música y la imagen; de memoria providencial y documentación envidiable. Alguien que ha hecho el sano esfuerzo de recordar y que se ha sentido muy reconfortado por ello.
Él invita a hacer ese mismo ejercicio a cada uno de nosotros. De esos ejercicios de memoria se obtienen enseñanzas irremplazables. Ojalá que asi sea para nosotros también. Acomódense y escúchennos.
Iniciamos este programa de alcance, y por tanto el editorial que le corresponde, reivindicando derechos básicos - como siempre - que además se encuentran amparados por la Constitución española pero que, también como siempre, se incumplen con una desfachatez y una falta de ética - al menos en lo que a algunos españoles se refiere – de dimensiones ciclópeas.
Si habitualmente iniciamos estas líneas reivindicando el derecho a la Libertad de Expresión, a la Libertad de Publicación, a la Libertad de la Libre Difusión de Ideas y Pensamientos; a la Libertad, en definitiva, de Pedro Varela y reivindicando también el archivo de las causas seguidas contra “los libreros” por idénticos motivos, hoy no será distinto - como ya saben nuestros habituales - mientras continúe la injusta situación de prisión de Pedro y se balancee sobre los demás la espada de Damocles que les pueda llevar a seguir parecidas suertes; pero hoy añadiremos otro buen puñado de derechos constitucionales básicos, que afectan a todos los españoles y cuyo incumplimiento se han encargado de evidenciar, Jesús y Oscar.
Escribimos este editorial cuando Jesús está a punto de culminar su vigésimo segundo día de huelga de hambre – y Oscar ha abandonado la huelga tras 15 - en reivindicación de unos derechos que, por básicos, no deberían requerir jamás de una reivindicación explícita y cuando hace ya otros diez que estuvimos allí con nuestras cámaras, frente al Ministerio de Trabajo e Inmigración, en el Paseo de la Castellana de Madrid.
Quienes se han ocupado inicialmente de informar sobre esta protesta no han dudado en calificarla ya de racista, xenófoba e intransigente. Jesús y Oscar han acampado junto al Ministerio, en demanda de la Prioridad Nacional, es decir, del reconocimiento de los derechos constitucionales al trabajo, a la vivienda digna, a los servicios sociales de calidad, propios del primer mundo en el que vivimos, consecuencia de decenas de generaciones de esfuerzo, trabajo, sacrificio y construcción de un supuesto Estado del Bienestar que todos los españoles – esos a los que se refiere precisamente la Constitución – nos hemos ganado colectivamente sin sombra de duda.
Pero Jesús ha tenido que recorrer 400 kilómetros a pie, desde Córdoba a Madrid, solicitando sin éxito, ser recibido por algún ejecutivo del Ministerio, que atendiera sus justas reivindicaciones.
Un auténtico calvario, un viacrucis de discriminaciones, vejaciones, insultos y mentiras, cada vez que solicitaba un albergue donde pasar la noche, un comedor social donde comer un plato caliente o un lugar donde refugiarse las frías noches del invierno cordobés, mientras pasaba el día pateando cada polígono, cada acequia, cada empresa - currículo en mano - en demanda de un trabajo que no conseguía porque, de haberlos, estaban ya en manos de los nuevos esclavos, aquellos que ateridos de frío han pasado el estrecho en condiciones infrahumanas buscando la libertad y encontrando, cuando no la muerte, siempre la explotación.
Pobres desgraciados en busca de un mundo mejor, dispuestos a trabajar a cualquier precio, durmiendo bajo los plásticos de las explotaciones agrícolas, pagándose las herramientas que gastan y dejando en prenda a sus mujeres, sus hijos, sus familias allá donde los nuevos traficantes de ambos lados de la frontera comercian con el sufrimiento humano, el hambre y la necesidad.
La consecuencia es que el empleo no existe – cinco millones de parados así lo acreditan – y que los que existen están ocupados y son de pésima calidad.
El sistema capitalista – ese sistema que no es económico sino de subordinación y dominio - al que estos desgraciados que llegan día tras día, se incorporan felices de haber sobrevivido, ha convertido el empleo en un producto más, sometido a la presión sin control de la oferta y la demanda. Cualquier trabajo puede hacerse por menos: sin derechos, sin protestas, sin papeles, sin explicaciones, sin convenios. Y siempre hay un oprimido dispuesto a hacerlo por menos.
¿Es casualidad que el 90% de los empleos de la restauración, el hogar, la construcción, los centros de atención telefónica, los comercios, las plantaciones, etc. etc. etc. estén ocupados por inmigrantes venidos de otros lugares?
¿Es casualidad que zonas enteras de nuestra tierra estén cambiando sus costumbres, su idioma, su cultura, su religión, para dar paso a la inexorable invasión numérica de los venidos de fuera? ¿Es, siquiera, cuestionable cualquiera de estas afirmaciones? Naturalmente que no.
Decir esto en voz alta jamás puede ser racismo. Primero porque no es culpa suya. Menos, cuando nosotros reivindicamos para ellos los mismos derechos que para nosotros, pero nunca en lugar de los nuestros. No es contra esos pobres desesperados contra los que alzamos la voz, sino contra quienes han convertido la política migratoria en un elemento más de la lucha política del bipartidismo al uso.
Unos a otros se tiran a la cabeza, regularizaciones masivas, papeles, políticas de acogida; unos y otros legislan de forma tan incomprensible que un ilegal es detenido por las fuerzas del orden sin papeles, filiado y vuelto a dejar en libertad, campando por sus respetos, optando a la asistencia sanitaria universal y gratuita, a los albergues, a los comedores, a los colegios y a los censos, pero aquellos que les facilitan los medios de vida - con empleos ilegales y miserables las más de las veces, por supuesto – incurren en delitos y son multados por las administraciones, sin que por otro lado tampoco pase nada más.
Pero cuando Jesús quiso usar alguno de aquellos servicios, encontró siempre la misma respuesta: Discriminación positiva; “si no vienes derivado de un centro de toxicómanos, de un centro penitenciario o eres inmigrante, no puedes quedarte, no puedes alojarte, no eres mi problema”.
La España de las Españas, como la ha definido el propio Jesús, está pensada para los profesionales de la indigencia, para los marginados y los marginales; para eso hay siempre recursos y sobre todo, administraciones no dispuestas a ser calificadas de racistas, que ponen lo que tienen y, por supuesto, lo que no tienen, con tal de salir bien en la foto. Han transferido las competencias en materia de empleo y se lo tiran a la cara unas a otras; pero ninguna tiene solución para los casos, cada vez más frecuentes, de los millones de Jesuses y Oscares.
Les han invitado a trasladar sus tiendas de campaña frente a las Consejerías de cada Comunidad Autónoma; han provocado su hambre con comida; les han puesto toda clase de trabas, pero Jesús sigue allí, megáfono en mano, reivindicando algo elemental: Trabajo y derechos Sociales; acceso a los servicios universales y gratuitos, para los españoles... también.
Esta es su historia, y también puede ser la de cada uno de nosotros.
Oigamos lo que tienen que decirnos y reflexionemos mientras, esta misma tarde, nos concentramos junto a ellos en el ministerio. Hoy les pido que no se acomoden y que les escuchen.
Hoy no va a ser necesario que iniciemos este editorial haciendo una mención especial a las situaciones procesales de Pedro Varela, Juan Antonio Llopart, Oscar Panadero, Ramon Bau y Carlos García Soler. Hoy no va a ser necesario que reivindiquemos, antes de empezar, la libertad para el primero y el archivo de las causas contra el resto.
No, no es que se haya modificado sustancialmente la situación - aunque algo de esto también habrá - sino que hoy, desde este reducto de resistencia que es la Librería Europa todo el programa y no únicamente las primeros minutos, estarán dedicados a algo tan importante, tan sencillo de entender y tan difícil de mantener - cuando se es consecuente con uno mismo - como es la Libertad, el Derecho y también, por contra, a todas sus formas de manipulación y perversión, en función de quién pretenda ejercerlos.
Sé que resultará reiterativo que lea a continuación dos artículos esenciales; que deben darse por sabidos, que todo el mundo los comparte... pero la prisión es mucho más reiterativa que yo con los textos legales, y se sufre cada minuto del día, mientras dura. Y por otro lado, no parecen entender lo mismo que los demás, los jueces y tribunales que juzgaron a Pedro Varela, o aquellos otros que, aun cuando saben que las conductas de "los libreros" - como cariñosamente venímos llamándolos - no son delictivas, abogan e instan para que sean modificados los códigos penales cuanto antes, a fin de poder condenarlos inmediatamente.
Y es que saben del tesón, de la tozudez, de la firmeza en las convicciones de "los libreros". Saben de su lucha titánica durante años, pese a los secuestros, a las agresiones consentidas o no impedidas, a los cierres, a las destrucciones de material, a la persecución y a la prisión. Saben que ayer, hoy y mañana, seguirán abogando por el derecho a pensar libremente, a cuestionarse las verdades oficiales, a investigar, a disentir, a comunicar las discrepancias, o discutir las interpretaciones al uso, a interpretar los textos originales del pensamiento, a ponerlos a disposición del público; a poder decir que es mentira lo que es mentira y que es verdad lo que es verdad por razones empíricas, comprobadas; porque el dato es el dato le guste o le deje de gustar a quien quiera que se pronuncie al respecto. Pero también por el derecho a opinar, aunque las opiniones expresadas no concluyan del mismo modo que prevé el Pensamiento Único.
Esta librería distribuye libros que son considerados como nacional socialistas, junto a otros que no lo son; textos nacional sindicalistas junto a otros culturales, artísticos o filosóficos. Textos de hombres que estaban ya muertos, en muchos casos, cuando Hitler invadió Polonia y otros de autores que siguen vivos.
No es importante. De hecho es intrascendente, porque lo que se defiende aquí no es una ideología concreta sino una causa suprema: La de la Libertad; la de aquellos que seguimos pensando que no puede ser mayor delito publicar textos - históricos o contemporáneos - que llamar al Jefe del Estado "jefe de los torturadores"; que no puede acarrear prisión poseer determinados símbolos y no serlo quemar banderas nacionales; que lo sea afirmar que existen diferencias físicas entre el conjunto de las razas humanas y no lo sea desear colgar curas "por los cojones" (sic) en los campanarios; o acudir al futbol - o colgar en los balcones, - banderas esteladas que representan los mismos intereses y las mismas personas, incluso, que organizaciones criminales de antaño, hoy reconvertidas a partidos supuestamente democráticos.
Que sea delito cuestionar la historia oficial, la calificación de buenos y malos al uso, y no lo sea el órgano de expresión de ETA, recientemente liberado e indemnizado.
Y como lo saben, y saben que seguirán en su sitio, no tienen más que esperar. Modificarán las leyes y esperarán sentados a que los hombres de principios las incumplan, porque hay valores y principios que están incluso por encima de la Ley. Y la Libertad es, sin duda, el más importante de todos ellos. Y porque aceptan su destino en la prisión, si con ello no someten su voluntad a un sistema corrupto y putrefacto hasta el extremo.
Porque estoy seguro de que en parte, para hombres como Pedro Varela, esta es una ocasión magnífica para demostrar al mundo el Triunfo de la Voluntad.
Así pues hoy, más que nunca, les repetiremos por enésima vez, algunos de los argumentos que más les duelen, porque están escritos en sus códigos, no en los nuestros; porque es su enorme hipocresía la que les hace tener que convivir consigo mismos, asqueados de su propia incoherencia. Porque son su Constitución y su Declaración Universal de los Derechos Humanos, las que les recuerdan, sin paliativos posibles, su enorme estulticia.
Redactaron la Declaración Universal mientras se ciscaban en el Derecho, haciendo la pantomima de Nürembreg, que habría sido un circo de clones de no haber acabado asesinando a 11 personas al amparo de una ley creada sobre la marcha a tal efecto, como tendremos ocasión de comprobar con detalle hoy.
Crearon una Constitución, tremendamente ignorada y/o contestada por el pueblo, para mostrar al mundo las diferencias del supuesto Régimen autoritario con la nueva Democracia, y el nuevo rumbo de la nación española liberal y social-democrática, pero les pareció un corsé demasiado apretado y decidieron cortar el cordón del corpiño.
Pues ahí lo tienen, para mofa y escarnio de su ordenamiento jurídico:
- Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
- Artículo 20 de la Constitución Española de 1978: Artículo 20:
1. Se reconocen y protegen los derechos:
- a. A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
- b. A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
- c. A la libertad de cátedra.
- d. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
Ha recordado Varela recientemente, en el blog en pro de su libertad, que toda Verdad necesita de alguien que la proclame. Y a ello nos disponemos. Acomódense y Escúchennos.
Pero si de titular la semana se trata hoy, como suele ocurrir con los editoriales, sin duda el motivo no puede ser otro que el del conflicto del Líbano. Bueno, quien dice conflicto, dice, intervención, misión, acción, actividad, acampada, excursión, sobrevuelo, predisposición, o cualquier otro eufemismo para evitar decir la palabra clave: Guerra.
¿Qué se creían, que era la guerra lo que preocupaba a los progres de Zapatero, el viajero ferroviario y sus corifeos? ¡Quiá! ¿Los derechos humanos de los Iraquíes y sus libertades?, ¡nada hombre! Pensaron a lo mejor, que se trataba de la soberanía iraquí... pues tampoco; Bien; pudo ser también que sus desvelos vinieran por los riesgos corridos gratuitamente por nuestros nacionales sobre el terreno... Pues no acertamos; quizá sobre el resto de los nacionales, en nuestra propia casa... No. O quizá la opinión de los ciudadanos... Tampoco.
Porque si así fuera, ni estaríamos en plena “misión”, con barcos, aviones, submarinos y tropas, ni habríamos obviado el exterminio kurdo, ni estaríamos hoy haciéndonos los locos con los “aliados” saudíes – cuna de las libertades – ni habríamos permitido las matanzas de Tianamén, ni seguirían en el perpetuo poder los hermanos Castro. Tampoco estaríamos hoy invadiendo territorio soberano, aéreo o terrestre, libio - tan soberano como el iraquí por lo menos – ni estaríamos enviando al territorio 500 soldados como antes los habíamos mandado a Afganistán para pagar nuestra deuda de “mequetrefe” con el amigo americano.
Desde luego, si hubiera sido evaluando los riesgos que corremos hoy en las costas mediterráneas, incluidas las españolas, o los derivados de volver a viajar en tren - si hemos de creer su propia doctrina - tampoco habríamos sido tan entusiastas de nuestra “intervención”.
Y si de seguir la opinión mayoritaria de los españoles fuese, no tienen más que leer los periódicos para ver que los ciudadanos anónimos – los anónimos, no los del sindicato subvencionado de la ceja – seguimos tan en contra de la guerra como lo estuvimos entonces. Los de verdad, los que no hablábamos de ello por razones torticeras sino por convicción personal y política.
En el Partido Popular tampoco andan a la zaga. Han entrado como polluelos de los que señalan con frecuencia los jugadores de mus, detrás del Ejecutivo, con la cabeza alta y la expresión del “ya te lo dije” o “ahí te quería yo ver”. Y en verdad era fácil esperar, habida cuenta de que a este gobierno le das media hora y dice una cosa y su contrario tan ricamente y sin sonrojo, pero con la misma vehemencia, la primera vez y la siguiente. Lo mismo da que sea la OTAN de antaño o la guerra de hoy, los recortes a la protección social, las reformas laborales, las rebajas a los funcionarios, las edades de jubilación... es lo mismo, vale todo.
Pero a pesar de ello el PP se retrata también; porque de aquella guerra, la razón, además de poner los pies sobre la mesa junto a los de Bush, era la evidente, incontrovertible y absolutamente probada posesión de armas de destrucción masiva. No las hubo, y quizá a todos les engañaron, pero es que esta vez no las hay, de antemano, y ahí estamos, de paladín selectivo, no porque nos importe una higa, sino por acreditar el pasado.
De verdadero asco, es nuestra clase política. La única razón es ponerse a las órdenes de otro, ya sea Obama o Bush, el inglés o el francés, para salir en la foto y pretender ser alguien en el mundo. Eso, y el petróleo, claro, pequeño asunto sin importancia que, ¡oh, casualidad!, se da en los dos territorios.
No tienen vergüenza, señores políticos de toda clase y condición. No tienen vergüenza ni respeto alguno por su pueblo; mucho menos por el libio, el iraquí o el de los oprimidos de medio mundo. Me los imagino dando instrucciones a ver si podemos recuperar parte de los dos mil millones de euros en armamento que les hemos vendido en pocos años. A ver si podemos evitar que nos maten soldados con armamento español; a ver si está todavía en buen estado y se lo vendemos a otro sátrapa maduro para ser derrocado... siempre que tenga petróleo.
LIBERTAD PEDRO VARELA
Continúa la situación de prisión de Pedro Varela, a quien parece que, de momento, no le han impedido escribir desde su mazmorra sus famosas cartas y, por lo tanto, continúa nuestro compromiso con su causa. Con la de la libertad de expresión, la de pensamiento, la de la libre expresión de ideas, la de difusión de las mismas. Con la de discrepar, discutir, investigar y cuestionar; con la Libertad, en definitiva, en mayúsculas. Desde la distancia ideológica que alguna vez ya hemos señalado – profunda a veces – pero desde el convencimiento de que nadie puede decidir por nosotros aquello que queremos publicar y pensar, aquello de lo que desconfiamos, y queremos investigar, aquello de lo que queremos tener nuestra propia opinión exigimos pues, nuevamente, la libertad inmediata de Pedro Varela y el archivo de las causas seguidas contra Oscar, Carlos, Ramón y Juan Antonio.
EDITORIAL AL PROGRAMA nº 55
Y precisamente en virtud de este derecho, y el del respeto debido a las víctimas, a su memoria, a su dignidad y a la Justicia que para todos esperamos es por lo que aprovechamos esta fecha - la del aniversario de los criminales atentados del 11 de marzo de 2004 – para exigir también, con la mayoría de las víctimas, la verdad sobre aquel atentado.
Sobre la mayoría de las víctimas, porque una de ellas - Pilar Manjón - tristemente se da por satisfecha con lo que sabe, o dice saber, hasta el momento, con la condena al culpable, en singlar, y con el cierre en falso del sumario más falso de la historia del terrorismo. Es una víctima, y para ella todo nuestro reconocimiento en su condición de tal y todo nuestro respeto para su dolor y para sus intenciones.
Pero si decíamos en ocasiones pasadas que nacer hijo de reyes no le convierte a uno en un buen rey – mucho menos en un buen gobernante, perdón, reinante – si sabemos que haber sido antifranquista no le convierte a uno ni en luchador por la libertad, ni en demócrata ni en nada parecido - han dicho recientemente Moa o Leguina, por ejemplo – difícilmente ser víctima o familiar de víctima, convierte a nadie en buena persona per se, ni dota de sabiduría el luctuoso hecho.
Algunos, por tanto, nos permitimos dudar y cuestionar – otra vez dudar y cuestionar; quizá nos cueste también la cárcel – la verdad oficial, y entender mejor a Gabriel Moris que a Pilar Manjón. Algunos creemos que el duelo correcto termina con la verdad absoluta y que ello requiere investigación, interés y paz para los muertos. ¿No es esa la base, el supuesto fundamento jurídico de la sectaria “Ley de Memoria Histórica”.?
¿No es razonable, ahora que se pretenden abrir tumbas y osarios – de un lado, me refiero - que se quiere dignificar a los muertos de nuestra contienda con una pala y una excavadora, que hay jueces que pretender enjuiciar a Dios como autor material y a Noé como responsable subsidiario del Diluvio Universal, poder, simplemente investigar hasta el final, quienes y por qué nos causaron tanto daño, qué motivaciones políticas había tras ello y quiénes lo permitieron por acción u omisión?
Como víctima “plata” – 25 años de experiencia ya en olvidos, injurias, defecciones, traiciones y mentiras institucionales – comprendo perfectamente que hoy hubiera que volcarse con las víctimas - incluida la víctima no-nata, para la que el abogado De Pablos consiguió su reconocimiento – para no caer en el doble castigo al que las de ETA y otros asesinos marxistas fueron – son – sometidos aún hoy en muchos casos: el del olvido.
Pero como víctima colectiva, es decir como víctima antes, durante y después de serlo también víctima individual y directa, entiendo mucho mejor la lucha y reivindicación - mes a mes, cada día 11, en Alcalá de Henares – de quien exige, todo el tiempo, no sólo el reconocimiento social sino la verdad, la dignidad, la memoria y la justicia.
Pero siguiendo con la memoria histérica, un buen amigo de esta casa y de nuestro programa, me refería el otro día un reportaje de Antena 3 sobre la portada del diario “Ya” del 7 de abril de 1974, hace ya treinta y siete años. En ella se recogían, en ejercicio de intercambio estilo “Regreso al futuro”, los titulares principales de aquella jornada que, no lo creerán, eran los siguientes: “Noticias confusas sobre un posible relevo del Coronel Gadafi”; Después seguía “Mañana entran en vigor los límites de velocidad para automóviles” por cierto, 130 en autopista y 110 en autovías; otros dos artículos se referían a la concienciación ciudadana sobre el ahorro de energía (“si usted puedo pagarla, España no puede”) y a la grave preocupación sobre la crisis: “Problemas en la economía española”; El Padre Loring decía ya entonces: “La riqueza hoy en el mundo está muy mal repartida” y el deporte y eurovisión no distaban mucho de lo que sucederá este fin de semana. Curioso, en aquella ocasión, ganaba Abba con su famosa canción “Waterloo”, cuyas primeras estrofas decían “el libro de historia en el estante, siempre está repitiéndose”.
Y se repite, ya lo creo que se repite. Si el pasado mes de noviembre en la Universidad de Barcelona podíamos leer frases de esta categoría intelectual: “los cristianos son como ratas, apunta bien”, durante las movilizaciones anticlericales que “jóvenes radicales progresistas” – nada de ultras en esta ocasión, aunque no habrá faltado quien los tilde de fascistas - llevaban a cabo, ayer conocíamos que setenta “demócratas” de la misma filiación – pero esta vez además homosexuales- invadían, en esta ocasión, la capilla del campus de Somosaguas de la Complutense de Madrid.
Si no fuera por internet, y por las fechas, hubiera creído que era un nuevo “Deja vue” como el del diario YA, en relación con la habitual persecución obsesiva del catolicismo, por parte de la “progresía”.
No conviene equivocarse; La memoria histórica y todo el proceso de destrucción social de Zapatero y sus huestes son un plan perfectamente concebido, que nos retrotraerá en mucho, a la década de los treinta del siglo pasado. Por eso conviene prepararse y dotarse de los medios necesarios para afrontar el proceso. De todos los medios. Y el intelectual no será el menor de ellos. Es en el intelectual donde nos cubrimos de argumentos. Es fuera de él, donde nos cubrimos de razones. Y las dos nos harán falta.
Así pues, con este joven viejo falangista, Salvador Ceprián, procesaremos hoy a José Antonio, que falta nos hará, para cargarnos de argumentos y de razones. De ambas. Acomódense y escúchennos
Wikio
LIBERTAD PEDRO VARELA
Un editorial más tenemos que empezar, como comprometimos, con un alegato a favor de la libertad. De la libertad de prensa, de opinión y de expresión, de la libertad de pensamiento y difusión de ideas, de la libertad de publicación. En definitiva, un alegato en defensa de la Libertad, sin más apellidos, y una exigencia de esa libertad física para quienes hoy, en España, permanecen multados, perseguidos y encarcelados, por el delito de publicar y vender libros, que son confiscados y destruidos en pira pública, con el fuego purificador de la supuesta democracia. Un alegato y una exigencia: la inmediata puesta en Libertad de Pedro Varela, que sigue preso por el delito de publicar y vender libros.
“Sobre el 23 de febrero se sabe ya todo, y lo que no se sabe lo inventan por ahí algunos”. Así se ha expresado Juan Carlos I, el rey irresponsable, a preguntas de un medio, durante los fastos del nauseabundo “aquelarre democrático” que hemos vivido la semana pasada, con motivo del 30 aniversario de la ocupación del Congreso por parte del Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero y sus hombres.
Así, con la tranquilidad que da la irresponsabilidad que emana de la Constitución, y que impide juzgar al rey por delito alguno, se ha despachado el monarca sin despeinarse. Nada de mandar detener a los “inventores” de lo que no se sabe, que al amparo de otro artículo constitucional que impide denostar la figura regia podría hacerse. Nada de mandar a la pareja de la Guardia Civil a buscar a los presuntos inventores, ni retirar los “libelos” - que no serían libros en virtud de su supuesta falsedad – para ser aportados como prueba en un juicio.
No señor. El rey es irresponsable y por ello, le trae completamente al fresco que los autores menos documentados le señalen desde siempre como conocedor de la urdimbre del golpe y los más documentados, como conductor material del pronunciamiento, al amparo de un Supuesto Anticonstitucional Máximo, cuya autoría intelectual se ha situado, por activa y por pasiva, en la trastienda más pulcra del antiguo CESID.
No desentona, en todo caso, el método, con lo que sabemos del irresponsable que reina pero no gobierna, pero que es la salsa de todos los cocidos, desde que fuera proclamado sucesor a título de rey, en vida del Generalísimo.
Así, no dudó en retorcer la legislación vigente - sobre la que juró al acceder al trono - para reformar, primero, y dinamitar después, los Principios y Leyes fundamentales del Movimiento que eran, por definición y por Ley, inalterables e inmutables. Era, de hecho, la Carta Magna del momento.
Tampoco dudó en hacer la pantomima de, tras haber recibido la legitimidad de origen mediante la Ley de Sucesión de Franco, pasándose por el Arco del Triunfo los anhelos e ilusiones de su padre de recuperar la Corona que el abuelo regio, a su vez, entregó mediante fuga, a los revolucionarios republicanos en el 31, inventar una supuesta abdicación de derechos dinásticos sobre un hijo que, por lo visto, hasta ese momento no debía ser, según la extraña visión monárquica más que un usurpador.
Nada tendría por tanto de extraño provocar, promover, utilizar un SAM, con el nuevo objetivo de, retorciendo nuevamente la Constitución – esta vez la actual – reconducir la situación o, como de hecho ocurrió finalmente, elaborar una suerte de Legitimidad de Ejercicio en Defensa de la Constitución en peligro.
Pero todo ello carece de importancia porque no sólo es irresponsable el rey, sino que se sabe poseedor de la lealtad extrema de cuantos, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, se consideran monárquicos; Una lealtad, que no depende de los hechos, o las virtudes, sino de la legitimidad de origen real - la de Franco y su orden póstuma a los ejércitos - por un lado y de la de sangre, como si el hecho de nacer Borbón – o Austria, que tanto da – te convirtiera de repente en respetable.
Una lealtad muy distinta de la que se ganaron de sus hombres, Antonio Tejero Molina, peleando en el frente interior guipuzcoano, retirando ikurriñas cargadas de explosivos con los restos de sus guardias entre los jirones del trapo, o como la que obtenían para sí los divisionarios generales monárquicos Armada y Milans del Bosch, ganadas en el frente de batalla de nuestra contienda, de la contienda europea, o al frente de unidades como la División Acorazada Brunete número uno.
Una lealtad que, por irracional, sabe que no acaba ni con la muerte ni con la traición real y que, por ello, siempre habrá chivos expiatorios para purgar unas culpas, que dolieron más por la carga de traición al rey que se suponía tenían, donde sólo había lealtad, que por la propia pena.
Pero lo que no deja de sorprender en este aquelarre que el enriquecido Bono ha organizado en torno al 30 aniversario, es que hay otros que sí son responsables, al menos en lo que a la Constitución se refiere, que se han dado besos y abrazos obscenos, que no han dudado en culpar a unos y felicitar a otros y felicitarse a ellos mismos por los momentos vividos y la entereza de todos, y que también han sido retratados, negro sobre blanco, sin que tampoco hayan instado actuación judicial alguna.
Esos presuntos culpables por tanto, de conocer, amparar, tolerar y auspiciar la “Solución Armada”, La “Operación De Gaulle” a la española, en la que algunos, eran protagonistas directos, asumen, por lo que se ve, que “inventar” no debe ser tan grave, comparado con tener que dar explicaciones.
González, Carrillo, Fraga, Sánchez Terán, Herrero de Miñón, Múgica, Peces Barba, José Luis Álvarez y tantos otros, deberían indignarse, de “inventarse” sobre ellos lo que se “inventa” y deberían, por tanto, actuar en consecuencia, ellos o sus deudos.
Quizá los españoles en aquel lunes decidieron, de manera espontánea, dejar de llevar a sus hijos al colegio – como hicieron el irresponsable rey y su esposa con los suyos - o quizá el irresponsable rey sabía algo que los españoles restantes no sabíamos.
Lo que es seguro es que la aportación de los “inventores” hoy, puede ser considerada una excentricidad, pero mañana, transcurridos los años suficientes, muertos los restantes protagonistas, desclasificados el resto de los papeles, reaparecidas las cintas y grabaciones que faltan, obligarán a reescribir tantas y tantas páginas de mentira y de ignominia y a contar de nuevo la historia.
Quizá entonces, los herederos del Teniente Coronel pueden por fin saber qué pasó el 23-F. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con las invenciones de nuestros invitados. Acomódense y escúchennos.

