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23 Febrero 2009

Carta del hijo del Teniente coronel Tejero a su padre

 A continuación transcribimos integra la carta que Ramón Tejero, hijo del Teniente Coronel Tejero leyó en antena en nuestro programa del pasado día 21 de Febrero.

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Carta del hijo del Teniente coronel Tejero a su padre

 
Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa... Yo sabía lo que ocurriría... Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos más difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían. Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo...

Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos...

Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente... Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente. Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue). Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás... No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera. Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer...». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida... y eso pensé yo también.

Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño se su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-. Pasamos la mañana con serenidad... El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento. No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos. Era un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria. Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica... ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida.

No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre.

Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre es un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; es coherente y sincero. Es un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Es un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Es un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No es violento, ni agresivo. Es templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F. Es un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle... quizá por miedo a su palabra... Me duelen tantos programas y tan poca veracidad...

Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre.

Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.

 

Ramón Tejero Díez

Tags: ramon, tejero, carta

servido por lagranesperanza 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Roderico

Roderico dijo

En verdad que cualquier buen hijo debería sentirse orgullose de tener un padre como el Ilmo. Sr. D. Antonio Tejero Molina. Que se diga la labor de este hombre a lo largo de su carrera militar. Y al guardar silencia no muestra más que su enorme honradez. Un fuerte abrazo a él y a su familia.

6 Marzo 2009 | 09:02 PM

gloria

gloria dijo

Les acabo de oir y estoy de acuerdo en todo. Ya tenía ganas de oir el por que la desaparición de los trenes, faltan las muestras de los suicidados de canto de sirenas.
Lo primero que dije fué que por que Aznar no suspendió las elecciones. Esta derecha siempre tiene la estampa de la idiotez haciendose pasar por los buenos y los que saben perder contestando a lo que les suelen decir que no soporrtan perder. Nos la jugaron y durante tiempo en la radio hubo gente lamentándose haber votado por miedo. Las elecciones del 2008 taambien fueron con la preparación del miedo. Mataron a un sociaoista, no se si se lo jugaron para hacer mas efecto o se equivocaron, pero otro buen golpe de efecrto para muchos de la derecha que a alguno he oido decir que al menos ahora matan menos y no les importaría votar a la izquierda porque la eta no actue.
La eta sigue esperando agazapada a la promesa de darles lo que piden. Ahora estan contra las cuerdas y hacen como que quitan a etarras de ciertos sitios. Y nadie tiene ni la duda de que ni uno se chiva porque les va mucho.
Efectivamente dijeron que no fué ni lo del Iraq ni lo de nada, pero estos que necesigtan un careo para que contesten que todos oyeran que no tuvo que ver. Lo del Prestige tambien, que no había sido erronea la dirección que dió Aznar pero siguen echandolo en cara y esta derecha anodina nunca dice los 11 bomberos de Guadalajara por despreciar la ayuda de Comunidad de Madrid.
Algunos medios critican a Federco Losantos y demas, porque insisten en querer ver.
Ahora comprendo por que ningun político admite la condena perpetua.
Hy que añadir los vivos que han quedado sin taras físicas pero enormemente psíquicas por la ausencias que les han quedado para toda su vida.
El recuerdo persistirá siempre.
Les saludo Elena

7 Marzo 2009 | 06:58 PM

Alfonso

Alfonso dijo

Entiendo la carta de un hijo a su padre, que como todos los hijos, tenemos en nuestro padre un referente de por vida. nada que decir a la motivacion filial de la carta.
Pero justificar invadir,interferir, secuestrar, la voluntad de todo el pueblo español, libremente expresada en referendum y elecciones libres, por un convencimiento personal de hacer lo mejor por el pueblo español, amparandose en la tragedia del terrorismo, como excusa para re instaurar un gobierno militar me parece un poco traido de los pelos.
D. Antonio Tejero desde mi opinion, fué victima de un sector de la sociedad y sobre todo de un sector del ejercito que no podian digerir que el estado en el que se habian criado y habian prometido fidelidad, ya no existia y sus valores militares se veian dia a dia humillados por los terroristas y enemigos de la patria. Nada que decir, entiendo la frustracion de D. Antonio Tejero, pero como otros muchos militares frustrados de la epoca, tenia que haber guardado filas y no meterse a salvador de la patria, que la experiencia nos dice que suele costar vidas, sufrimiento y miserias. Menos mal que todo quedo en intentona....

23 Octubre 2009 | 01:47 AM

Blas de Alcalá

Blas de Alcalá dijo

Acabo de enterarme de esta web y de su you tube, les felicito y tendrán un amigo más. Siéntase orgulloso de su padre, puesto que para muchos y después de haber leído el último libro de D. Ricardo Pardo Zancada, su padre pasará a la historia como un patriota, no le quepa ninguna duda.
Un saludo, y ¡¡Arriba España!!

31 Octubre 2009 | 09:38 PM

J.A. Martínez

J.A. Martínez dijo

Hoy no está de moda ser honrado, ni honorable, ni tener otros valores morales que en otro tiempo se miraban de otra manera...... La prueba la tenemos en los políticos y dirigentes de este país que son unos sinverguenzas integrales, además de unos cínicos.
Mi más sincera admiración tanto al padre como al hijo.

28 Septiembre 2010 | 09:31 PM

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