La Navidad en España la celebra todo el mundo, hasta el PSOE. Estamos a la espera de que nos traigan un ateo, un laicista o un progre que renuncie a la paga extra, a los días festivos y al jolgorio. Todo esto, como es evidente, sólo alcanza su verdadero sentido y dimensión cuando lo que se celebra es una fiesta católica. Y esa es la trayectoria de ataque.
Además del ambiente consumista, del Corte Inglés haciendo el agosto en diciembre, desde hace tiempo sufrimos una persecución anticatólica desde las propias instituciones de gobierno. Bajo la máscara del laicismo nos empujan hacia un mundo sin Cristo. Insistimos, falso laicismo que no es si no odio a lo católico, especialmente por que molesta que sea un elemento sustancial de la identidad española.
Una demostración práctica: desde que Gallardón fundó su imperio cosntructor en el ayuntamiento de Madrid, la iluminación de nuestra ciudad ha consistido en una sucesiva suerte de mariconadas, horteradas y despropósitos que podrían servir en un club de carretera secundaria, pero que esconden por completo cualquier elemento católico.
El mismo alcalde que nos empuja hacia la descristianización tiene a gala el haber hecho la primera celebración pública e institucional de la pascua judía. No hay que tener descontento al lobby hebreo, capaz de empezar y acabar guerras y someter a pueblos enteros sin reproches, o sacando a pasear su victimismo milenario si acaso alguien protesta.
No hay mensaje más anti judío que Cristo: el hombre que expulsando a los mercaderes del templo y universalizando el perdón y la gracia divina dejó en la cuneta al presunto pueblo elegido, que le hizo crucificar.
Tampoco hay mensaje de raigambre mas española. Somos hijos de una patria que se hizo en una cruzada de 8 siglos y que alcanzó su gloria imperial llevando el Evangelio al Nuevo Mundo. Más allá de las creencias y prácticas de cada uno, que no somos curas, desde aquí solo podemos recordar a los nuestros que es un deber el defender tal elemento de nuestra identidad. Feliz Navidad a todos, y un próspero y revolucionario 2010.

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