Hoy, precisamente, recordamos el aniversario de la muerte del Teniente Coronel Blanco enfrente de mi casa, por cierto, en La Virgen del Puerto. Fue el primer asesinado tras la tregua de ETA del 98 - la de Aznar - como el atentado de la T4, con sus dos muertos, fue el primero tras la última negociación, nunca abandonada, de Zapatero.
Lo hemos repetido hasta la saciedad y lo seguiremos diciendo siempre desde esteprograma: El fin de ETA no es el fin de los asesinatos. Los asesinatos son una consecuencia de su bastarda existencia, de su deseo de imponer una dictadura marxista a una parte de España, convertida en nación imaginaria por sus mentes perversas. El fin de ETA es la derrota de ETA y pasa por el reconocimiento perpetuo a la memoria de sus víctimas; por el cumplimiento íntegro de sus penas máximas, por la petición pública de perdón – que no implica concesión del mismo hasta cumplir con la sociedad ofendida – por el resarcimiento de sus víctimas, pero sobre todo, pasa por la victoria del pueblo español sobre sus planteamientos secesionistas, sobre sus intentos permanentes de asesinar, no sólo españoles, por el hecho de serlo, sino a la propia España. Ese es el único fin de ETA y por tanto, Rubalcaba, no es votos o bombas. Es España entera o no es nada.
Pero analizando estos hechos no he podido evitar encontrar odiosas comparaciones que me hacer sentir verdadera repugnancia de este Sistema.
Resulta que cuando los diarios de ETA ya no son diarios de ETA, cuando los dirigentes de su cúpula ya no son dirigentes de su cúpula y cuando la condena o no de la violencia es una simple cuestión de opinión, un librero y próximamente tres editores y libreros más entran en prisión no por sus opiniones, sino por las de los demás.
No por lo que dicen, sino por lo que cuestionan. No por lo que cuentan, sino por lo que impiden que nos hurten a los demás. Pedro Varela ya dentro, y próximamente Juan Antonio, Carlos, Ramón y Oscar, van a entrar en prisión por tener una opinión propia, que no merece el mismo respeto a los tribunales, que les merece las opiniones de la “Udalbiltza”.
Por eso nos importa una higa este sistema, este régimen y esta democracia, que tiene de democracia lo que la Audiencia Nacional de juzgado justo e imparcial.
Ignoro si nuestro invitado de hoy terminará también en esa senda. No por lo que opina, pues en realidad ninguno de estos nuevos inquisidores ha leído una línea de lo que condenan, sino por aquello de lo que habla en sus libros con rigor, con conocimiento y con libertad.
Mucho no gustará a los inquisidores y quién sabe si terminará sometido a la nueva ley de censura que prepara estos días el gobierno, para borrar su pasado y su presente.
Pero no será aquí donde no tenga palabra. No en La Gran Esperanza. Aquí hablaremos de la Verdad, en Libertad. Pese a quien pese. Acomódense y escúchennos.

Para escuchar en mp3 el programa 52:
http://www.ivoox.com/gran-esperanza-programa-52-audios-mp3_rf_592...
AE!